Viaje a Santa María, Brasil


15095027_1446804322015813_7013655643940417293_nMa. Laura de La Matta. diciembre 2016

Mi primer viaje a Sta. María, Brasil, tierra de Joao Pozzobon

La Mater me bendijo pudiendo realizar este viaje, después de 30 horas, que no fueron para nada cansadores, llegamos nos esperaban las Hermanas de María en el Centro Mariano de Santa María con un rico almuerzo una atención excelente, muy cordial.

Todo el lugar es maravillo, es un lugar santo donde se respira la gracia, fuimos a conocer el Santuario Tabor por la noche tuvimos una celebración en el Santuario y quemamos los capitalarios que llevábamos de todos nuestros seres queridos.

El segundo día tuvimos una charla con el Padre Argemiro Ferracioli, postulador de la Causa de Beatificación de Joao Pozzobon, y después misa en el Santuario Tabor, se bendijeron y celebró el envío de las dos Auxiliares que se trajeron a Bahía Blanca.15056410_1267847973278632_1680174435258493960_n

Después del almuerzo fuimos caminando hasta la casa de Don Joao rezando y caminando por los pasos que él hacía todos los días para ir a misa al Santuario

Fue tan hermoso ver sus cosas imaginarnos en ese lugar, en su almacén en la Ermita del patio, en su cocina. Nos esperaba uno de sus hijos (con un parecido increíble a Don Joao). Luego fuimos a la Iglesia de las Gracias, donde están sepultados los restos del Diácono Pozzobon; sobre todo en ese lugar sentí su presencia, su fuerza, y el amor por la Campaña. Me sentí invadida por un sentimiento que no puedo describir y que me llenó el corazón.

Por la noche después de la cena hicimos un Rosario en la Capilla del Centro Mariano, regalándole a la Mater una rosa por cada oración rezada.

El tercer día después del desayuno tuvimos una visita guiada por el predio del Santuario, y el dormitorio dónde se hospedaba el Padre Kentenich en los múltiples viajes que realizó a Sta. María, nos contaron de esos viajes, sobre todo cuando fue rumbo al exilio y la prohibición de tener contacto con las Hermanas. Se sentían sus pasos cuando caminaba rezando y las hermanas iban a buscar agua al aljibe para cruzarse con él. El amor con que nos explican todo con tanta devoción nos hacían vivirlo.

Después del almuerzo fuimos a la Capelina Blanca (la que tiene más actividad) como en cada lugar nos estaban esperando y nos encontramos con la Sra. que está encargada y que conoció a Don Joao cuando visitaba las escuelas, nos habló de sus vivencias y recuerdos. Luego fuimos a la Iglesia de Riverao, dónde Joao se bautizó, tomó la comunión y se casó en primeras nupcias, tuvimos una celebración renovando el compromiso bautismal y los dos matrimonios del grupo renovaron sus votos maritales,  luego fuimos a conocer la casa paterna de Don Joao, también aquí nos encontramos con personas que cuando niños lo conocieron, allí merendamos y luego fuimos al bosque del Santuario; un lugar lleno de vegetación, flores silvestres y en medio de esa hermosura y calma la ermita de la Mater. Luego fuimos a la ciudad “Doña Francisca”, atrás de la iglesia principal hay otra ermita de la Mater, la visitamos y fuimos a misa, nos esperaron con una riquísima cena.

El cuarto día comenzamos temprano la caminata, recorriendo el vía crucis que ideó Don Joao uniendo el Santuario y la Villa Noble de Caridade, íbamos rezando, meditando y caminando por calles que se volvieron senderos y se fueron adentrando en la vegetación llena de flores y pájaros cantando.  Llegamos a la Capelina Azul, recientemente reconstruida dónde tuvimos testimonios de gente que conoció a Don Joao y que nos contaron sobre la Villa Noble que actualmente no existe luego atravesando campo llegamos a la Capelina Rosa, dónde nos esperaba el Padre Argemiro para celebrar misa; se palpaba a Joao por esos lugares tan agrestes y a la vez tan maravillosos con tanta paz, tomamos dimensión de su sacrificio llegar hasta allí con la Peregrina al hombro y su Rosario.

Volvimos a almorzar y descansar, estaban los Padres Palotinos a disposición para confesarnos, para mí un momento muy emocionante; hacía mucho que no me confesaba y un poco “obligada” por la Mater fui. Cuando llegué a rezar al Santuario me sentí envuelta por la misericordia, sentí  su amor tan cerca, tan dentro mío realmente puedo decir “que bien estamos aquí” como dijeron los discípulos en el monte Tabor.

Por la tarde tuvimos  una visita guiada a la Capilla del Santuario Tabor y más tarde una  vivencia que nos enseñó que el Alfarero usa las tinajas rotas para hacer nuevas tinajas como Dios usa nuestras limitaciones para transformar nuestros corazones.  

Después de la cena desde la habitación del Padre kentenich, en la Casa Provincial de las Hermanas,  y reflexionando sobre nuestro Padre llegamos al Santuario en una procesión de velas al sonar de las campanas y con el corazón colmado de bendiciones.

El quinto día a las siete celebramos misa, luego desayunamos y pudimos ir a conocer los alrededores del  Centro Mariano, almorzamos y emprendimos el regreso con una mezcla de nostalgia y una alegría inmensa.

Gracias Mater por este regalo que llevaré en mi corazón por el resto de mi vida, gracias por elegirme tu burrito por aceptar mi pequeñez para transformarla como el alfarero.

Un tiempo atrás hablé con la Sra. de Bononino, uno de los matrimonios que junto al Padre Uriburu trajeron a Argentina las primeras imágenes Peregrinas, y me había dicho que no se volvía igual de ese lugar… Qué razón tenía…